domingo, 28 de abril de 2013

Lugo night


Un trozo de la redacción de deportes del Extremadura.
Sigo en la mesa-camilla que hay en la habitación. Os voy a poner una foto porque es curioso. Yo creo que es la primera que veo en un hotel. Me viene fantástico, eh. Miro por la ventana y el cielo está encapotado. Por lo visto ha nevado otro ratito esta mañana, a eso de las 9.00, pero yo estaba todavía sobando.

Aclaro (por si esto lo está leyendo mi mujer) que la noche de Lugo fue bastante intensa, pero no excesivamente etílica. Traducido: me bebí tres Barcelós (nada que ver con Jonathan, el ex de Plasencia). Fueron bastante espaciados y me sentaron hasta bien. Estuvo excelentemente acompañado por dos lucenses a los que he conocido 'en vivo' durante estos días: Javier Muñoz y su prima, Patricia Muñoz, con los que había tenido contacto a través de Twitter anteriormente. Se suele rajar bastante sobre la 'ley de la selva' que son muchas veces las redes sociales, pero también te permiten momentos chulos como éste.

Con Javi y Patri.
Javi y Patri me llevaron a comer pulpo a una pulpería, como por otra parte era lógico. Es como cuando nosotros llevamos a la gente de Cáceres a comer jamón al Mesón San Juan (espero que tras esta publicidad gratuita, Rafa se estire). También cayeron unas estupendas zamburiñas y un estupendo churrasco. Todo genial, sobre todo la conversación. Javier es el entrenador del Durán Maquinaria Ensino de la Liga Femenina 2 y hace poco estuvo en nuestra ciudad en la fase de ascenso. Su prima también ha estado muy vinculada al basket local y disfrutamos mucho contrastando nuestros 'micro cosmos'. Saqué la conclusión de que Lugo es bastante parecida a Cáceres: con encanto y personalidad propia, aunque algo cainita.

Pulpo de ficción (otro chiste tonto).
Tras la pulpería, un par de sitios de copas muy bien montados, dentro de la zona de la impresionante muralla romana: la Fundación y el Comic. Patri se retiró a mitad de la película y seguí con Javier, que me dio la impresión de que conocía a todo el mundo. El momento surrealista fue que, entre sitio y sitio, nos pilló una pequeña nevada. No cuajó, claro, pero para uno de Cáceres, donde nieva cada diez años, le impacta que esto le ocurra un 27 de abril. Raro, raro, raro.

Es estupendo que en el hotel no haya tenido que desalojar la habitación después de las 12.00. La de anoche fue mi última aquí, ya que volveré a Cáceres tras el partido de esta tarde (19.00). Os dejo las dos informaciones que he publicado hoy en el periódico: la previa y un reportaje adjunto.

No se aprecia bien, pero juro que nevaba.
Quizás me asome un ratito ahora a la ciudad. El equipo está normal, tranquilo, tras una leve sesión de tiro esta mañana. Tengo buenas vibraciones, aunque la victoria del viernes permite que una hipotética derrota de hoy no sea desde luego (desde Lugo, jaja) un drama. Sí, ya lo dejo.