domingo, 5 de mayo de 2013

Recomponerse o decir adiós

Ya sabéis, esta tarde, Cáceres-Breogán, 19.00 horas. Me gustaría ver a todo el mundo allí, pero me temo que, dentro de esta ciudad ciclotímica, toca un poco de pesimismo. La verdad es que lo del viernes, ese 52-74 tan significativo en dígitos y en sensaciones, nos hemos quedado todos un poco 'chof'. Sin embargo, nada está perdido todavía. Hay que ir a por el cuarto partido y forzar el quinto, que sería el martes.

Quizás hayamos vivido un poco en una burbuja en los últimos días. Los que vimos los dos primeros encuentros (no sé si lo de Febtv cuenta) teníamos la idea de que el Cáceres estaba siendo superior. O incluso muy superior. Lo digo a nivel táctico, de juego en sí, incluso en el segundo partido, cuando solamente una racha increíble de triples (algunos desde 8 metros) y una mayor implicación en el rebote del Breo igualó la eliminatoria.

El equipo de Frade parecía ir por delante: utilizaba a un mayor número de jugadores, estaba más seguro de lo que hacía, dependía mucho menos de individualidades concretas. Error, claro. Se nos olvidó que, a la hora de acudir al mercado el pasado verano, el Breogán eligió primero a gente como Michel Diouf, Anthony Winchester o Manu Gómez. Hasta Roeland Schaftenaar es un tipo muy 'sello Frade' que casi seguro es superior a Josh Duinker. Además, mantuvo a piezas claramente útiles para esta categoría como Sean Ogirri.

¿Los partidos los ganan los mejores jugadores o los mejores equipos? Durante unos días pensamos que lo segundo. El problema es que el Cáceres dejó de ser un equipo el viernes y con esa mosca detrás de la oreja estamos ahora. Si un grupo que tiene por bandera el orden y el esfuerzo lo pierde, ocurre lo que ocurre. Pero ya digo que todavía se puede confiar.