miércoles, 24 de febrero de 2010

Guaita/Ginobili: El argentino que se fue y el que pudo venir, pero no lo hizo


Ya no hay más Diego Guaita en el Cáceres 2016, una decisión que, pese a que se veía venir desde hace tiempo --me cuelgo la medalla de haberlo adelantado el 15 de enero con un mítico titular, "El Cáceres se harta de Guaita"-- no por ello deja de ser un pelín controvertida.


Hay parejas cuya función más productiva es provocar en los demás el cruce de apuestas sobre si cortarán o no, o si lo harán pronto o tarde. Algunas veces, por mucho que aparentemente les vaya mal y generen el cuchicheo, ahí siguen, compartiendo la vida. En el caso de Guaita y el Cáceres hay algo profundamente podrido desde casi el inicio, por mucho que en aquella final a cuatro nos encantase con sus triples y su carácter ganador.


Piti incluso veía en él un posible convocado para la selección argentina, ahora escasa de talento, o más bien con un talento envejecido. Porque... ¿qué pívots jóvenes se te ocurren de esa nacionalidad? Que jueguen en la ACB, pues Juampi Gutiérrez, al que Pablo Aguilar parece haberle comido mucho terreno, y Leo Mainoldi (Fuenla), precisamente compañero de Guaita en Burgos.


Como se ha visto posteriormente, las previsiones eran exageradas. Guaita es un gran jugador para LEB Plata, pero no parece digerir bien su papel de complementario en la LEB Oro. Él necesita bolas, protagonismo casi absoluto, y es así como vimos lo mejor de él en la segunda vuelta de la pasada temporada, cuando por las múltiples lesiones tenía que jugarlo prácticamente todo.


Ya a esas alturas estaba a tiros con Hurtado. Dos caracteres fuertes poco predispuestos a tender puentes. Para el entrenador, el pecado --ficharle por dos años de contrato a un precio alto, 90.000 pavos por cada uno de ellos-- acabó conteniendo la penitencia: cuando quiso quitárselo de encima en verano no pudo por mera lógica del mercado, por lo que tuvo que "comérselo" con patatas. El resultado fue el ya comprobado.


Gustavo Aranzana tomó como desafío recuperar a uno de los jugadores mejor pagados de la plantilla. Ya se sabe: ese aura redentor un poco a lo Phil Jackson (yo puedo reconducir a las ovejas descarriadas), pero cuando alguien no está, no está. De todos modos, el "corte" hay que verlo más como una cuestión de la directiva, "cruzada" con el jugador desde hace tiempo por los motivos explicados --sienten que le deben algo a Piti, en cierto modo--, que del entrenador, al que no le estorbaba tenerle ahí, de cuarto pívot. Guaita no era mal compañero, al contrario de lo que pudiera sospecharse por algunos detalles: mantiene buenas complicidades en el vestuario (Francis, Sanguino) y nunca ha rehuido su trabajo.


Pero el romance, ya digo, estaba roto hace tiempo, más a nivel institucional que otra cosa. Aranzana aceptó largarle únicamente a cambio de que hubiera un repuesto. Y el repuesto era Berzins. Para jugar poco tiempo, bien vale Sanguino, se razona en Oaxaca, y así nos ahorramos algo con el argentino, al menos la cuestión de la Seguridad Social y demás mandangas.


Como este humilde blog también mira un poquito al pasado, aprovecharé para recordar una película que hace unos tres años conté en el periódico y que alguno desconocerá: otro argentino --éste mítico-- pudo fichar por el Cáceres CB en su momento. Su nombre quizás os suene: Manu Ginobili. Paso a autoplagiarme un poco, ala.


El jugador de los Spurs pudo ser del Cáceres CB en 1995, cuando era una promesa de apenas 17 años. La historia resulta extremadamente curiosa. Ocurrió en el verano de aquel año, cuando Ginobili era jugador del Andino La Rioja, en su localidad natal de Argentina, y deseaba dar el salto a Europa para mejorar su nivel. Su entonces entrenador, Oscar "Huevo" Sánchez --uno de los más prestigiosos del país-- tenía una gran relación con Manolo Flores, que era entonces el técnico del Cáceres. "Me llamó y me dijo que tenía a un jugador increíblemente bueno y muy joven que quería dar el salto", recuerda el emeritense.


El acuerdo económico estaba prácticamente cerrado, pero había que viajar a Argentina para ver al Ginobili en acción y sellarlo definitivamente. Cuando el desplazamiento de Flores y el presidente verdinegro, José María Bermejo, estaba ultimado, hubo complicaciones de fechas y quedó aplazado.


Ginobili acabaría marchándose después al Reggio Calabria italiano, de donde pasó a la Virtus de Bolonia --con el que fue campeón de Europa-- y posteriormente a la NBA. "Con el tiempo lo piensas y fue una lástima, pero en este mundillo a veces pasan cosas así", añadió Flores. Lo más curioso es que seguramente Ginobili no hubiese jugado en principio en el Cáceres, sino que hubiera entrenado con el equipo, lo que compatibilizaría con una cesión al Plasencia o al Doncel, por entonces clubs vinculados.


Esto sí que es hilar dos historias. Lo demás es cuento.

domingo, 14 de febrero de 2010

La pota de Cherry


Como soy un poco oportunista (¿un poco?) voy a escribir una cosita sobre Cherry. Bueno, más bien una cosita sobre una cosita que escribí sobre Cherry. Podéis leer aquí una pequeña semblanza del jugador que publiqué sobre el jugador esta semana en el periódico. "Cherry superstar", bla, bla, bla... Todos los halagos del mundo porque el tío está jugando realmente bien y ha revolucionado al equipo que tanta esperanza está generando. No es por quitarle méritos a Gustavo Aranzana, que creo que está haciendo un trabajo serio, muy a su estilo, pero dudo mucho que todas las intenciones positivas y el orden que se está viendo ahora se hubiesen producido con la misma plantilla que la que se encontró.


En lo que voy a profundizar un poco --tampoco mucho, eh, que es domingo por la mañana-- es en algo que me ha preguntado alguna gente a raíz de leer lo del periódico. ¿Cómo que Cherry echó la pota en pleno partido, jugando con el Caja San Fernando, hace un montón de años? Es una anécdota, lo sé, pero tiene su gracia (supongo que para todo el mundo menos para él, aunque ya se sabe que es un cachondo).


Era un recuerdo fugaz que tuve de un partido televisado hace ese montón de años, cuando él nos parecía a todos el típico jugador de cantera al que se le quedaban grandes urgencias de la ACB. En Sevilla tenían demasiada pasta como para darle oportunidades auténticas, así es que inició ese largo peregrinar buscando su lugar en el mundo baloncestístico, desde Coruña a Bulgaria, desde Los Barrios a Cáceres.


Cuando estaba escribiendo el artículo estaba seguro de que eso había sucedido, pero lo busqué en internet y no lo encontré. Dudé, lo confieso. Es un poco ridículo ponerse a escribir en Google "Carlos Cherry vómito" o "Carlos Cherry pota", pero lo hice. Y no salía nada. Pero mi cierta ansia por el morbo y una seguridad enfermiza en mí mismo para este tipo de cosas me impulsaron a ponerlo de todos modos, aunque no lo tenía del todo contrastado. A veces se trabaja muy rápido en lo que yo hago y hay que arriesgar. Demasiado.


Cuando llegué a casa estuve rebuscando en los Gigantes del Basket, porque sí recordaba que el asunto se había mencionado en una de esas entrevistas desenfadadas de la última página, el "Vicios Pequeños". Y aquí estaba, en la 993 de noviembre del 2004. El gran Raúl Barrigón, actualmente uno de los popes de hoopshype.com, le preguntaba al base por el asunto. Trascribo.


--¿Qué pasó en el parquet del Real Madrid en su segundo partido como profesional?

--Sí, sí. Eché la pota nada más salir, pero no fueron los nervios, se lo aseguro. Llevaba varios días con problemas en el estómago y la noche anterior al partido estuve vomitando en la habitación. Pero ya no podía, en mi segundo partido, decirle al entrenador: "no salgo a jugar, que me duele el estómago". Así que salí y...

--...Afuera efluvios gástricos.

--Qué jocoso el chaval (risas). Peri si de eso ya nadie se acuerda. Al quemarse el Palacio de los Deportes, la anécdota se perdió entre los escombros.


Pues no, Carlitos. Sorry si me he puesto escatológico. Aquí tenéis la estadística de aquel partido (el entrenador del que habla es Salva Maldonado), ocurrió el 15 de noviembre de 1997. En lo que sí me equivoqué fue escribiendo que esto ocurrió cuando iba a lanzar un tiro libre. Realmente no debió ser así porque no aparece que en los pocos segundos que jugó tirase ninguno. Cosas de la memoria. Lo que tampoco recordaba es que, según he descubierto mirando cosas para esta entrada, Cherry había debutado en la ACB un par de semanas antes contra el Cáceres, poco antes del fin de la primera etapa de Manolo Flores.


Os escaneo la entrevista para el que le interese leerla, solamente hay que picar dentro y se hace grande. Está interesante para conocer un poco mejor al hombre de moda. Que siga así y que no le le vuelva a soltar el estómago, please. No es lo que más desea ver uno en una cancha de baloncesto.

miércoles, 10 de febrero de 2010

La noche de la coincidencia


Faltan unas 20 horas para el doble espectáculo deportivo de la ciudad de Cáceres al unísono: Cáceres 2016-Breogán y Cacereño-Puertollano. Yo iré al baloncesto, más que nada porque así está hecha la planificación de mi periódico, algo que agradezco porque se pasa menos frío y tengo un poco menos de ni puta idea de fútbol que de baloncesto. Thanks, boss.


Durante estos días hemos tenido que tener cuidado para no soliviantar un debate un poco estéril sobre si el aficionado medio debía ir a una cosa o a la otra. A mí personalmente me preocupa, porque soy muy conceptuado como periodista de baloncesto y me molestaría que alguno pensase que arrimo el ascua a un deporte con el que tengo más roce. Así es que ha habido que repartir casi equitativamente los espacios y hoy, después de asistir a la presentación del libro de poesías de mi amigo José María Jurado (que no se diga que no toco todos los registros), he hecho una buena ronda, primero por los campos de Pinilla donde hablaba Angel Marcos y después por el Multiusos, donde lo hacía Aranzana. En ambos sitios vi mucho optimismo del bueno, del que es moderado y prudente.


En realidad, que cada uno vaya donde le dé la gana, que para eso paga. Bueno, en el caso del Cacereño, no. Hábil maniobra, señor Doblas. Cada club era libre de poner el horario cuando más le conviniese, pero está claro que es el club de fútbol el más abiertamente podía evitar una coincidencia que no deja de ser triste para mucha (o al menos alguna) gente que suele acudir a los dos recintos habitualmente y que inevitablemente tendrán que escoger.


En realidad, la mayoría se quedará en casa viendo Gran Hermano o la basura que echen por la tele. El descenso de asistencia a los espectáculos deportivos en los últimos años está siendo importante, y Cáceres no ha sido una excepción. Parece que lo único que nos interesa es el Barça y el Madrid por la tele. El deporte en vivo está en decadencia.


Hace 18 años, cuando empecé a dedicarme a esto, iban 5.000 personas al baloncesto, 3.000 al fútbol y 1.000 al fútbol sala. Hasta cuando me mandaban a cubrir el Colegio Extremadura de baloncesto de Segunda o el voleibol había 100 personas en el Municipal. Actualmente, los tres principales equipos de la ciudad matarían por llegar a esas cifras. ¿Qué nos ha pasado por el camino? ¿Tan incómodo es ir a ver a unos chicos que al fin y al cabo te representan a ti? ¿O tan caro? No es un fenómeno único de Cáceres, por mucho que a la ACB, por ejemplo, se le llene la boca con sus récords en los pabellones. Mirad que el aficionado ha sido lo de menos para, por ejemplo, decidir lo de los partidos televisados de los lunes.


Respecto al baloncesto, es interesante el hecho de que haya un "suelo" de 2.000 personas que parece que, les den los que les den, siempre van a ir. Pero también antes parecía que ocurría lo mismo con 5.000, 4.000 o 3.000 personas, y todo fue bajando. De hecho yo creo que en la última temporada de las dos en LEB del extinto Cáceres CB había menos público incluso que ahora, y que los "playoffs" ante Fuenlabrada se jugaron con 1.500 personas en la grada. Es terrible la sensación de que esa vieja reivindicación del pabellón Multiusos esté en cierto modo desaprovechada actualmente.


¿Qué cómo veo lo del basket ante el Breogán? Todo caduca rápidamente cuando se trata de predicciones, pero a mí me está gustando mucho lo que estoy viendo últimamente, tanto en la personalidad del equipo como su configuración. Supongo y quiero creer que todo lo que nos están contando sobre que todos los movimientos no conllevarán problemas económicos será verdad. Pero eso es otra historia.

martes, 26 de enero de 2010

Una de listas (bueno, dos)


Se va Ira Newble (no lo olvidemos, el segundo tipo con más partidos NBA que haya jugado nunca en el Cáceres CB/2016 tras "Sky" Walker) y, pese a que no lo ha hecho mal, quedará más la leyenda de las cosas que provocaron su salida --de mutuo acuerdo, eso sí--: habría que ver la cara de Francis y compañía cuando primero se niega a compartir habitación en Girona y luego a volver en autobús. El numerito del vuelo a Sevilla tuvo que ser tremendo, aunque el club dice "sotto voce" que no pagó el billete. Llega Shawn Taggart, que a riesgo de meterme la lengua en el culo tiene una pinta estupenda. Bueno, si no, siempre puedo editar esto, que al fin y al cabo soy el director general de Bujacocesto.


A continuación un par de listas de jugadores llegados a mitad de temporada: una de los que aportaron mucho y cambiaron la dinámica y otra de rotundos fracasos.


--Qué bueno que vinisteis:


1. Jordi Freixanet. Sí, chicos, el que no se acuerde, allá él, pero "Sant Jordi" no empezó la temporada que él resolvió con la canasta del ascenso, sino que entró en octubre sustituyendo al lesionado Alberto Frías. Aparte de la suspensioncita de marras, dio a aquel equipo muchísimo: versatilidad, experiencia y buen rollo.


2. Kenny Green. Ni Dios lo conocía cuando Manel Comas nos lo presentó aquella noche en la Plaza de Bruselas. En Cáceres empezó a hacerse un nombre con aquellos brincos. Pocos olvidan que jugó cojo la segunda parte del quinto partido en Lliria. No ha solucionado sus problemas con la justicia qatarí. Una pena.


3. Sergei Bazarevich. Fue un chollazo que vino por Nebojsa Ilic cuando el serbio ya no podía con el pubis, como hemos recordado alguna vez, aunque su presencia disparase los celos de Jordi Soler. Pero tenía muchísima clase, fue una gran oportunidad que estuvo muy bien no desaprovechar.


4. Chris Smith. Sustituto de Rod Mason, que no lo estaba haciendo mal. A este por clase se le podía haber metido en el saco de los fiascos, pero tenía demasiada calidad como para eso. Nunca se ha visto a tirador que armase tan rápido, pero en aquel equipo sobraban pistoleros (Rogers, Paraíso, Enrique...). Newble recuerda a él. Stanley Jackson cogió su puesto y sí cuajó del todo.


5. Ferrán López. Lo suyo tiene mérito, porque ejerció de bombero dos veces, una sustituyendo a Stefano Vidili y otra a Andre Turner. En los dos casos lo hizo bien, sobre todo en la primera. Luego ya nos cansamos un poco de verle el careto, hay que reconocerlo, y en la temporada del descenso, la única que empezó como verdinegro, estuvo bastante para los perros.


6. Deon Thomas (izquierda). El sustituto sustituido. Cuando el experimento de Julbe iba pegándosela poco a poco en su segunda temporada, llegó para reforzar un juego interior que daba un poco de grima con Crawford Palmer, Gary Alexander y compañeros mártires. Empezó la siguiente temporada, ya con Hussein, pero se largó porque no le pagaban. Como Raggart, vamos.

7. Kevin Thompson. Casi lo único bueno que hubo en la temporada del descenso. Cuando se cargaron a Bobby Martin por aquel turbio asunto en el hotel de Málaga (aunque si hubiese estado promediando 15-10 y no 6-5 no hubiese pasado nada), llegó él. Un auténtico profesional, serio y útil a más no poder.


8. Jiri Okac. Sí, también él ejerció de apagafuegos. Ya era "mayorito" cuando Ñete Bohigas le reclamó en la primera temporada en LEB ante la desbandada general de los Sallier y compañía porque no había pasta. Con él se podía aplicar eso tan bilbaíno de que "los de Cáceres nacemos donde nos da la gana", porque a él le parieron en Brno. ¡Y hasta metía triples!


9. Harper Williams. Un equipo deprimidillo le rescató para el baloncesto. Junto a Sam Jones rescató al equipo y luego el equipo lo jubiló a él otra vez. La verdad es que tenía más basket en la uña de un pie que todos los jugadores a los que se enfrentó durante aquellos meses en LEB Plata. Bueno, quizás exagere. Con Dexter Lyons no pudiste, pero gracias, Harp.


10. Carlos Cherry. Sí, soy un pelín oportunista, pero "Tomatito" (me parece un mote un poco gilipollesco, pero ahí va cuajando) está impresionando. Qué potencia tiene, qué saber estar, qué capacidad de liderazgo. Si el Cáceres 2016 hace algo esta temporada, será gracias a su llegada. Hay que renovarle ya, ¿no?


--Pa esto haberos ahorrao el viaje:


1. Richard Coffey. Sustituto temporal de César Portillo en la primera temporada en ACB, ya hablamos en su momento con él y de él. Buen tipo y muy trabajador, pero claramente undersized, como dicen los americanos. Hay veces que lo barato sale caro. Al final hubo que apostar fuerte por Green y Kenny Walker.


2. José María Pedrera. Se merecía haber llegado en mejores circunstancias a un equipo en el que le hubiese encantado rendir, pero apenas pudo estar un mes en la 97-98 y no acertó en su gran especialidad, el tiro de tres. Hace mucho tiempo que no le veo. Me caía realmente bien desde que les hice un reportaje cuando él y su hermano Toni estaban aún en el Cornellá.


3. Greg Stewart. Una de las cosas más raras que hayan pasado nunca aquí. Fue un grande de la ACB, pero cuando llegó aquí en la segunda etapa de Comas tenía la pila de años y una barriga de escándalo. Ahí pasó algo raro, porque apenas jugó (no estaba para ello) y el equipo estaba bien servido de pívots que ayudasen a entrenar (Morales, Pedrera).


4. Donald Whiteside (derecha)/Lamont Strothers. Lo hemos comentado hace poco también. Pesquera no dio en el clavo con el tercer extranjero, no. Whiteside era jugoncete y tal, pero vamos, no era el jugador que se necesitaba. Lo mismo con Strothers, que es seguramente el único jugador que he visto de copas la noche antes de un partido. Por lo visto tenía un primo que era la caña.


5. Freddy Navarrete. Luis Casimiro quería más madera ahí abajo porque aquel experimento con Fran Ruiz no salió nada bien y Toni Pedrera se le jubiló a mitad de temporada. Primero le trajeron a Navarrete, un uruguayo simpaticote pero que no tenía la suficiente dureza. Luego ya fueron más a lo seguro y trincaron por un buen precio al viejísimo pero sabio Voise Winters.


6. Nick Davis. Seguramente no era tan malo como pareció, aunque estaba excesivamente delgado para luchar con pívots ACB. Además, en su contratillo temporal antes de que llegase Deon Thomas le tocó jugar en aquella humillación "partido de profesionales contra cadetes" en Vitoria. Y eso no sumó. Buenas rastas.


7. Gabe Muoneke. Una versión nigeriana de Richard Coffey. Con aquello no había manera de salvarse. Luego ha hecho una cierta carrera internacional y su blog en hoopshype tiene gracia (aunque confirma aquello de que todos los jugadors se creen mucho mejores de lo que son). Inenarrable altercado con Ferrán López en los vestuarios del Nou Congost.


8. Shea Seals. ¿Por qué será que no le recuerdo demasiado? Jugó unos partidillos en la parte final de la temporada en la que también llegó Okac. No hizo nada especial, supongo, aunque venía con la vitola de haber jugado en los Lakers y haberle clavado 20 puntos al Dream Team del 96 en un amistoso. Ahora entrena a la universidad de Tulsa.


9. Zuzak/Washington/López Valera/Kitsoulis. Los meto a todos en el mismo saco porque parece que la suerte se acabó con los aciertos de Jones y Williams aquella temporada. Por unas cosas o por otras, ninguno cuajó ni por asomo. Especial pena dio Washington, con lo bueno que era. Que nadie dude que el ascenso se escapó por el banquillo tan débil que fue quedando.


10. Dan Cage/Mantas Ruikis. Dos jugadores bastante vulgares, para qué vamos a engañarnos. Voluntarios, asequibles económicamente, buenos chicos, lo que queráis. Pero no les da para la LEB Oro, creo yo. Lo curioso es que a uno la gente le tenía atragantado (Cage) y al otro se le perdonaba todo (Ruikis). Para mí eran igual de flojetes.







miércoles, 20 de enero de 2010

Probando el escáner


Los Reyes me han echado estas navidades un combo scanner-impresora Canon bastante majo, aunque aún me estoy haciendo a él. No me iba mal con los anteriores, pero esto es otra cosa. Eso sí, como cada vez que te tienes que adaptar a un aparato, hay que irse conociendo mutuamente, seduciéndose poco a poco. Así es que aquí me tenéis, probando el scanner con alguna cosa "retro" como la que ilustra esta breve entrada. Como sé que a algunos os gusta tener estas cosas, es la página correspondiente al Cáceres en el Extra Liga de Gigantes del Basket de la temporada 92-93, la del debut en la ACB. Que la disfrutéis. Del presente hablaremos otro día, aunque para los que no la hayáis hecho os recomiendo mi "revisitación" del partido del domingo en Girona aquí.

domingo, 10 de enero de 2010

Pues... no fue para tanto. ¿O sí?


Feliz año a todos lo primero.


Lo segundo... A la espera de entradas un poco más "retro", empezaré el 2010 reflexionando sobre lo más inmediato, el Cáceres 2016-Tenerife del viernes (71-73).


Es, probablemente, el único partido en mi trayectoria como periodista de baloncesto en el que la crónica que me ha salido es bastante más suave con el equipo perdedor que el análisis que hace el entrenador del propio equipo perdedor. ¿Increíble? Veamos.


No es que yo me deshiciese en halagos al Cáceres 2016. Podéis leerlo aquí. Argumentaba un poco lo de siempre: este equipo tiene dos caras, es poco constante, se va de los partidos y lo paga caro, cuando despierta ya es tarde, no cierra el rebote, sus tiradores son irregulares, etc, etc... Pero no sé, hay veces en las que se puede tender más al ensañamiento (individual y colectivo), como más o menos hice en partidos como el del Mallorca o el Palencia, por citar dos ejemplos recientes. Al fin y al cabo, no hay que olvidar cosas como los problemas de faltas en el tercer cuarto, la decisiva lesión de Drew Naymick (qué bien habla de él o qué mal habla de la plantilla el hecho de que te haga tanto daño que un teórico picapedrero se te fastidie) o que dos de los jugadores que deben marcar el nuevo estilo, Cherry y Newble, acaban de llegar.


El equipo tiene muchas carencias, nadie puede negarlo. Pero, ¿tantas como después del partido Gustavo Aranzana se pegue una rajada importante como esta, que por cierto no es la primera? Me hizo pensar un poco cuando me iba para casa después de salir del periódico. Y aún le doy vueltas. Si el entrenador sacude así a los que son sus jugadores, es que seguramente lo hicieron peor que lo que yo transmití en la crónica. Blandito, blandito, blandito Javier Ortiz, crudo y directo Aranzana... ¿Fue para tanto o es una estrategia de Gustavo? ¿Si se culmina la remontada a falta de tres minutos hubiera dicho todo esto? No, claro. El resultado es lo más importante (lo único importante), también para los entrenadores.


Tengo la impresión de que en el fondo a lo mejor yo y otros muchos como yo nos hemos acostumbrado a esta mediocridad de equipo y por un lado victorias como las de La Palma nos parecen maravillosas por la supuesta solidez que se mostró y por otro derrotas como la de Tenerife nos pillan algo vacunados. No sé. No me gusta demasiado participar del ambiente ultracrítico que parece que se respira muchas veces en el baloncesto local, contribuir innecesariamente al cansancio que se respiraba por ejemplo en la última etapa del Cáceres CB en la ACB o la crispación de la última fase de Piti en el banquillo. Somos lo que somos: una plantilla hecha con bastantes errores que, como suele ser habitual, se van subsanando dificultosamente y ya veremos con qué resultado económico. Y un entrenador que, como de forma muy acertada me decían esta tarde, está acostumbrado a que, si baja a los infiernos de la LEB, está más acostumbrado a conducir un Ferrari como era el León que subió hace tres años (Quinteros, Bernabé, Hughes, Bulfoni...) que el Seat Ibiza (carillo, eso sí) que ha querido heredar de otro. Supongo que en su fuero interno pensaba cuando llegó aquí que podía cambiarlo todo, porque un tipo con su historial es lógico que esté muy seguro de sí mismo, pero poco a poco se está dando de bruces con la realidad.


Lo peor es esta sensación de querer acabar la temporada cuanto antes para poder centrarse en la siguiente cuando todavía quedan 16 partidos de liga regular y el "playoff" no está tan lejos, al menos en clasificación, aunque sí en sensaciones. Y otra cosa mala es intuir que Aranzana llegará ya "tocado", "desgastado", al próximo curso.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Tres bases son multitud


No funciona nunca. O casi nunca, siendo generosos. Tener tres bases en una plantilla de baloncesto es un lujo innecesario que a no ser que se den unas circunstancias muy precisas, suele restar más que sumar. Es lo que pasa ahora en el Cáceres 2016 con la presencia de Alex González, Perico Sala y Pavel Ermolinski. El tercero está prácticamente marginado, en la lanzadera de salida si él quiere. Y es normal. De los 40 minutos que hay que repartir en esa posición, es extraño que se dividan en, por ejemplo, 15, 15 y 10. Ni aún así estarían contentos. Más bien lo contrario. Llevamos con el debate toda la temporada y va a seguir así, como un factor de ruido.

Parece que Alex va ganando la carrera. Ya no es el cadáver del principio de temporada, cuando salía 4 minutos y perdía 3 balones. No es una exageración. Sucedió en Zaragoza, por ejemplo. Le vamos conociendo y va gustando. No es un jugador muy regular, pero sí es agresivo de cara al aro y valiente, aunque falta por verle siendo importante cuando se va por detrás en el marcador. Ya digo: parece uno de esos tipos que se crece con el viento a favor. Defensivamente tampoco es tan “madre” como algunos dicen, creo yo.

Perico Sala está por debajo de lo esperado. Se nos presentó como el “Mesías” que iba a solucionar los problemas en el “1” cuando se le fichó al final de la pretemporada, pero no se le ha acabado de ver fino. En realidad, no es tan grave el asunto: su papel más adecuado en su carrera ha sido como reserva, dando descanso al Gianella de turno, como ocurrió en Plasencia. Tiene conocimiento del juego y demás, pero eso no basta de momento para discutirle la titularidad a Alex.

De Pavel ya se ha escrito todo. Con Aranzana ha jugado siete minutos en total en dos partidos (curiosamente, los únicos que lleva perdidos el nuevo entrenador). Lo tiene todo y no tiene nada: físico imponente, buen manejo, talentazo… pero escasa personalidad para llevar el peso del equipo y un tiro exterior francamente mejorable. Su juventud le condena además al final del banquillo cuando lo que se necesita en un momento tan complicado es oficio y determinación.

Históricamente, en el Cáceres CB tampoco funcionó nunca lo de tener tres bases. Veamos algunos ejemplos.

91-92: El equipo del ascenso también tenía su Ermolinski: Alvaro Rodríguez, un chaval sevillano de 19 años que medía 1,92 y subía bien el balón. Poquito más, aunque tenía su predicamento con el público teenager. Martín Fariñas tuvo su fase de enamoramiento con él y sorprendentemente le situó durante un mes por delante de los “profesionales” Angel de Pablos (un poco el Sala actual, pequeñito y con la mili hecha) y Toni Romero (parecidillo por el descaro a Alex). Curiosamente, Alvaro acabó siendo el que menos jugaba en la plantilla, quizás superado por la presión, vete tú a saber. Ya le preguntaré a Fariñas, que para el que no lo sepa trabaja en la Obra Social de Caja Rural en Badajoz. Alvaro no tuvo mucho más recorrido en el baloncesto: un año más vinculado, otro en Plasencia… ¿Alguien sabe algo de él?

94-95: A mitad de temporada está claro que Nebojsa Ilic no puede con su pubis y aparece un chollo económico como Sergei Bazarevich, recién cortado en la NBA. El ruso no era un alero, sino un base, y le trajo sombras negras a Jordi Soler, la “prima donna” del equipo y que vio reducido su protagonismo, y a David Brabender, postergado a partir de entonces. El equipo salvó los muebles en la liga, pero no hubo buen rollo. Tanto que ninguno de los tres continuó en el equipo –Soler hasta pagó 10 millones de pelas por pirarse al Murcia-- y el año siguiente se apostó por una dupla de directores formada por Pablo Martínez y Juanjo Bernabé, ya había debutado esa temporada en el primer equipo ya que estaba en el entonces vinculado Plasencia.

97-98: Otra de lo mismo. Problemas en la clasificación y Manel Comas se trae a su amigo Pablo Laso, ascendido automáticamente a la titularidad por delante de Pepe Arcega (qué bien jugó los años siguientes aquí el jodido maño) y por supuesto Bernabé. Una doble injusticia, aunque el equipo al final se salvara. Pero fueron ese tipo de operaciones las que hundieron económicamente al club: Laso jugaba en el Madrid y vino por una pasta increíble. Algún día contaré más despacio cómo me llamó por teléfono a mi casa para suplicarme que no enviara a Gigantes del Basket unas declaraciones suyas en una conferencia en un colegio mayor en las que rajaba sobre Bodiroga, que entonces vestía de blanco.

98-99: El colmo de los colmos. Pesquera heredó a Arcega y a Bernabé, pero se empeñó en traer a Paco García, aquel chaval que ni fu ni fa procedente del Estudiantes. Como no le valía con eso, y no sabía qué hacer con la tercera plaza de extranjero, tuvo un par de meses a un cuarto base, Norman Whiteside, que no superaba desde luego a lo que había. Antes había habido un pívot (el indescriptible Reggie Jackson) y se terminaría con un alero (el chuponcete Lamont Strothers). Paco García tampoco terminó la temporada y Arcega y Bernabé estuvieron más que correctos.

00-01: Julbe no hacía muy buenas migas con Arcega (la relación entre ambos a lo largo de sus carreras da mucho de sí, sinceramente). Así es que cuando se hizo cargo del equipo en sustitución de Flores, quiso poner su sello personal apostando por Oscar González, que entonces en el Cajasur era un buen base de LEB (lo mismo que ahora, vamos). Pero el maño siguió a lo suyo, jugando decentemente a pesar de los problemas físicos y compartiendo casi todos los minutos con Bruno Hamm, el talentoso francés que, por cierto, también acabó a tiros con el entrenador. Ya con Pepe fuera, Oscar tendría más protagonismo el año siguiente en un puesto más lógico de segundo espada por detrás o bien de Andre Turner o de Ferrán López.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Revisionismo verdinegro



Me encanta el concepto de "revisionismo", la "tendencia a someter a revisión doctrinas o prácticas establecidas para actualizarlas". Así, según el diccionario, no debería sonar a insulto que hoy en día te llamen "revisionista", que es una de las peores cosas que te pueden decir en el mundo occidental. Está íntimamente relacionado con las teorías que aseguran que el holocausto no existió, que los judíos fueron respetados por Alemania, que no murieron tantos y que los nazis libraron una guerra limpia en la que entraron porque no tenían más remedio. También hay revisionistas sobre las "cosas de casa", como los que apuntan a que el bando nacional fue provocado hasta el fin por la República para iniciar la Guerra Civil y que el trato a los prisioneros rojos siempre fue respetuoso y los castigos, justos. Y también hay quien hace la interpretación contraria, una lectura de la contienda que más bien se ha impuesto desde que se instauró la democracia.




¿Esto no era un blog de basket, por cierto?




Eso sería revisionismo del malo, el que ha hecho que la palabra tenga un matiz claramente negativo. Deformar la realidad, mentir, siempre es negativo, pero... ¿qué hay de malo en revisar doctrinas y prácticas establecidas para actualizarlas? En teoría nada. Sin pensamiento y sin cuestionarse lo impuesto, no hay evolución. ¿Era Galileo un revisionista por defender que la tierra era redonda? En el buen sentido, sí.




Esta reflexión viene a cuenta de este blog en general, en el que muchas veces se reflexiona sobre el pasado del baloncesto cacereño, "se revisan" los acontecimientos, y en particular viene por un reportaje "tipo Bujacocesto" que he publicado hoy en mi periódico. Aquí dejo el link para el que no lo haya leído.








Va sobre la compra de la plaza de Cáceres a Vigo en 1991, algo que ya comentamos aquí en su momento y que pensé que recobraba actualidad porque ambas ciudades se enfrentan por primera vezmañana.




Algunos comentarios de los lectores se quejan de la falta de oportunidad de sacar a colación de nuevo estas historias del pasado. No es la primera vez que me comentan algo así y me provoca una reflexión interna. ¿Avanzar es simplemente mirar hacia adelante? ¿Debemos olvidar todo lo que ha ocurrido y privarnos de sacar una conclusión o simplemente intentar divertirnos e ilustrarnos con ello? A veces parece que todo lo del pasado es tabú: todas las etapas del Cáceres CB y hasta del Cáceres 2016 tienen sus protagonistas y en ocasiones escribir sobre ellos molesta a gente. Y no sé por qué. No me gustaría que, por ejemplo, dentro de un tiempo, escribir sobre "Piti" Hurtado fuese tabú, igual que no debe serlo sobre gente contrapuesta pero importante como Fariñas, Flores, Bermejo, César García, Julbe, Felipe Fernández, Ñete y mil más. Todos tendrán sus defensores y detractores, pero todos merecen un sitio en la historia y tienen la posibilidad de ser revisados.


jueves, 26 de noviembre de 2009

Dilemas europeos


Dejemos de lado un poco el presente [modo irónico on] --demos un par de partidos más a Aranzana para poder despellejarle con argumentos sólidos y sin remordimientos-- [modo irónico off] y miremos un poco al pasado para reflexionar sobre algo que estos días retumbaba en las radios: ¿le interesa al Atlético de Madrid de Quique Sánchez Flores seguir en la Liga Europa o le vendría mejor quedar eliminado y centrarse en la competición nacional?


No, esto no se ha vuelto un blog de fútbol, ni sobre el Atleti, mal que le pese al "indio" Macario. Simplemente es que la situación me conecta con lo que pasaba hace unos añitos aquí, cuando el Cáceres se metía a jugar en competición europea --¡cuatro veces!-- y al poco tiempo surgía el debate sobre si era mejor buscar la eliminación porque inevitablemente había problemas clasificatorios en la ACB.


Las circunstancias, desde luego, solían ser críticas. El equipo salía de Cáceres temprano un lunes, hacía dos o tres enlaces aéreos y luego, si no había suerte, tenía otro rato de autobús. Jugaba en alguna inhóspita cancha (quizás del este) el martes o el miércoles y pasaba noche por ahí. Muchas veces regresaba el jueves por la tarde sin tiempo apenas para preparar el siguiente partido, que muchas veces era el sábado y ya el mismo viernes debía coger otra vez el bus.


Aquellas noches europeas nos daban un subidón importante. Escuchar a Paco Mangut y/o a Andrés Campos narrando victorias en Grecia, Italia, Serbia, Croacia, Polonia, Rusia, Portugal, Suecia... te agrandaba, sentías que aquellos chicos de verde te ponían en el mapa. Nunca tuve ocasión de acompañar al equipo en aquellos viajes. Mi hermano José María sí, sobre todo el primer año europeo, el de la semifinal Korac, y pocas veces le he visto tan entusiasmado trabajando. Pero siempre había un pero. Tras saborear la gloria en Milán, el sábado siguiente te daban una tupa en Manresa. Y el equipo abajo normalmente.


Nunca se aclarará lo suficiente si el 20 de enero de 1998 Manel Comas dio órdenes a sus jugadores de no culminar la remontada en la eliminatoria de octavos frente al KK Zagreb. Se había perdido allí de un escandaloso 98-63, un mensaje inequívoco de que el equipo estaba hecho trizas. Sin embargo, una semana después, en una impresionante demostración, la desventaja de 36 puntos llegó a ser reducida a 32 a falta de minuto y pico (82-50). Y eso que al descanso la cosa iba 35-26. En una gran noche de Emiliano Morales (27 puntos, 9 rebotes, algún día hablaremos de él), el público del V Centenario flipaba, pero hubo un par de errores que evitaron el milagro. ¿Cómo era posible? Parecía que los jugadores querían decir: "no pasamos, pero porque no queremos, eh".


Europa daba prestigio, pero a un precio muy alto. Las lesiones se multiplicaban y ya se sabe que a los jugadores de baloncesto les hace más daño que a nosotros, los bajitos, ir en transporte público. Es lo que en cierto modo están pensando ahora en el Atlético de Madrid. ¿Merece la pena embarrarse con la antigua UEFA, todos sus partidos de jueves y sus largos desplazamientos cuando en la Liga estás tan mal?


No tengo la respuesta, pero como soy un poco romántico me inclino más a decir que cuando has luchado tanto por estar en un sitio (como era la competición europea para el Cáceres entonces) tienes que apechugar y apretar el culo para seguir compitiendo con dignidad, no entregarte. Pero la experiencia dice que todos aquellos años, el equipo mejoró en la liga a raíz de ser eliminado. Maldito romanticismo, ¿verdad?

lunes, 16 de noviembre de 2009

¡Extra, extra! Puaj...


Hay noticias que uno odia dar, ruedas de prensa a las que nunca le hubiese gustado acudir, chivatazos que prefieres no creerte porque duelen. Sí, cuando uno trabaja en lo que yo trabajo, tiene que dejarse muchas veces la persona en la puerta, al lado de la reproducción de Leoncia, y dejar que entre únicamente el profesional. Y eso es muy difícil. A mí me cuesta. Y no estoy muy seguro de querer luchar contra ello.


Hoy ha pasado lo de Piti, su marcha/dimisión/cese/aceptacióndelapuestaadisposiciondelcargoaladirectiva. No sé muy bien cómo llamarlo, porque me he ido de la rueda de prensa con la sensación de que en el fondo los directivos estaban deseando darle el tiro de gracia, aunque no dudo de que les ha dolido. Pero en el "off the record" cuentan que le ven destrozado, muy cansado, demasiado pendiente de las cosas que no eran el equipo, devorado por los pitos y la creciente (y, es mi opinión, exagerada) impopularidad que sufría. Casi uno pensaría que lo hubiesen destituido en un par de jornadas si la cosa seguía así. Pero le siguen considerando como un hijo. Literalmente.


Ha sido triste. Estas cosas lo son. Y es casi imposible que acaben bien. "Me he divorciado, pero mi mujer y yo hemos acabado bien". Mentira. Si acabas bien, es que realmente nunca te importó. Y no es el caso. En esta historia había amor. Y verdadero y profundo.
La escena ha sido brutal, aunque como me ha dicho luego uno de los asistentes, algo kafkiana: los jugadores al fondo de la sala con cara de palo, muchos amigos, sus padres y su mujer por allí también... Lágrimas de Pepe Sánchez a los cinco segundos de empezar a hablar (y Piti consolándole a su lado, parecía que el que se iba era el presidente), discursos emotivos y un par de salvas de aplausos, en las que tengo que confesar que seguramente he sido el único de la sala en no participar porque yo no iba allí a expresar mi cariño o solidaridad con Piti, sino a transmitir lo que se dijese. Supongo que durante unos segundos me dejé la persona en la puerta del pabellón. Sin embargo, estoy algo contento: pierdo un entrenador cercano, pero recupero un amigo, porque sé que en estos dos años nos ha costado a los dos tener una relación natural, como la que teníamos antes. Siempre nos pedíamos más de lo que podíamos dar.


Voy con un par de verdades amargas sobre él. Creo que se ha equivocado al echarle el órdago a la directiva. El lo sabe y seguramente sea el primer sorprendido de que no le hayan reforzado, porque su alianza siempre ha sido fuerte, él es parte fundamental en el parto del club. Se lo he dicho esta tarde cuando me ha llamado para decírmelo: creo que debía haber sido más duro, aguantar el chaparrón, haberle dicho a todos los que le pitaban "aquí estoy yo, no vais a poder conmigo". Pero supongo que eso lo puedes hacer cuando eres "de fuera". Estoy seguro que si un día entrena en Murcia, Burgos o Sebastopol lo hará, como hacen todos. Pero no se podía permitir ese lujo en casa, supongo que no.


Tres victorias y cinco derrotas. No era para tanto. Ha cometido errores, pero no para tantísimo desgaste. Me refrendo en todo lo que escribí ayer y que podéis leer aquí abajo. Había muchos motivos para ser pesimista, sí, pero también muchos para ser optimista. Confieso que me costó más rellenar la lista negativa que la positiva. Mucha suerte, Piti. Mucha suerte, Cáceres 2016.

sábado, 14 de noviembre de 2009

10 motivos para ser optimistas, 10 motivos para ser pesimistas


Como ahora se lleva mucho esto de las listas, me voy a marcar no una, sino dos, con toques de subjetividad, eh. Una lista para optimistas y otra para pesimistas con el Cáceres 2016, que no se diga que excluyo a nadie. Al igual que los “hombres de negro”, me debo a mi público.

10 motivos para ser optimistas

--Van ocho partidos de temporada y el equipo va 3-5. La situación es incómoda, sí, por debajo de lo esperado, sí, pero en absoluto desesperada.

--El equipo ya ha demostrado que puede jugar bien. Muy bien. La cuestión es alargar esos minutos, tener más constancia en la inspiración o en la confianza. Trabajar más en ello.

--La plantilla no parece estar mal hecha. Quiero decir: hay mucho de todo, no faltan recursos. La mayoría son jugadores de calidad y con experiencia. No es: “si nos cargamos a este y fichamos a un tío en esta posición, se soluciona la cosa”.

--El entrenador ha demostrado en las dos temporadas anteriores que puede hacer funcionar el cotarro. Un año no tardó casi nada; en otro, bastante (el partido de Burgos, primero de la segunda vuelta, como culmen). Pero las cosas que transmite acabaron saliendo.

--Los triples van entrando después de un arranque en el que ni uno veía el aro. No van a ser los que más metan en la LEB, pero tampoco los que menos, como sucedía.

--Hay un club fuerte. Peculiar en su estructura de toma decisiones, pero fuerte. El proyecto no se desangrará porque los jugadores no cobren puntualmente. Todo lo contrario.

--El vestuario está unido, me aseguran una y otra vez. No hay reproches dentro, no hay grupitos. Sólo gente en general positiva que quiere ganar y ganar.

--Es una plantilla bien dotada para el espectáculo. Si se arrancan a ganar, se supone que no lo harán simplemente con victorias, sino con una oleada de acciones vistosas (triples, mates, tapones) de por medio. Y eso suma.

--Quedan muchos partidos ganables en la primera vuelta para mejorar el “récord”. Palencia, Vigo, Ourense, La Palma, Mallorca… Ahí sí que no se puede fallar.

--La prensa. Es arriesgado por mi parte ser portavoz con esto, pero por lo general estamos con el proyecto, no vamos a despedazarlo ni a hacerle daño conscientemente. Haremos nuestro trabajo y diremos la verdad, como siempre, pero no vamos a hacer una crítica irracional ni cruel.


10 motivos para ser pesimistas

--Se han perdido dos de los partidos que dan la medida de cualquiera con las aspiraciones del Cáceres, de los que suben peldaños: Girona y Clínicas.

--El agujero de los terceros cuartos sigue ahí, insondable. 8 partidos de temporada y sólo se han ganado dos de esos parciales, con especial mención al de Menorca (32-8).

--Los aficionados están divididos. La grada se reparte entre los que aplauden siempre, los que pitan (durante y/o después de los partidos) y los que observan patidifusos. Como apunté en la entrada anterior, los seguidores no tienen unidad de respuesta ante los problemas del equipo.

--No se acaba de ver bien físicamente al bloque. Muchas pequeñas lesiones y la duda de si los bajones de los terceros cuartos obedecen a falta de fondo.

--Hay jugadores que no están dando la medida y ellos lo saben. Personalizando, de casi todos se pide más: los extranjeros, por serlo y se les supone un “plus”; los nacionales, por conocer la liga y darle personalidad al vestuario.

--Se sigue dando una respuesta muy desigual en la lucha por los rebotes, una estadística fundamental. Falta algo de agresividad en coger la posición y no se ha progresado mucho en ese aspecto.

--El entrenador no siempre maneja bien la tensión que acompaña todo esto. Es el emblema del club, pero parece que sólo para lo malo. Muchos no le tragan, pero también pasaba con casi todos sus antecesores en el banquillo, eso no es nuevo.

--Evidente peligro de que las derrotas que se produzcan no sean “por la mínima” con el consiguiente desgaste de imagen. El equipo del año pasado no solía arrojar la toalla y apenas tuvo resultados abultados en contra. En el de éste no lo veo tan claro por su facilidad para irse de los partidos.

--Sería ridículo echarles la culpa de las derrotas, pero a los equipos con problemas los árbitros no los respetan demasiado.

--La expectativa de principios de temporada va a estar siempre ahí. Ser quintos o sextos era un objetivo posible. No bastará con moverse en la zona media.


Extra bonus track (motivo ambiguo)


--Llegan dos partidos en cinco días ante rivales que no son de abajo precisamente, La Laguna y León. Perfecto para resurgir o para añadir más dudas.
Se admiten comentarios.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

De afición a aficionados


Parece que durante los últimos días el debate no se está centrando en el equipo o el entrenador (bueno, sí, sobre el entrenador sí, pero a eso ya estamos acostumbrados), sino sobre la actual actitud de un protagonista que ha sido clave para el surgir y el resurgir del baloncesto cacereño: la grada. La pitada del otro día ante el Clínicas fue un momento paradigmático, no miremos hacia otro lado.


Es francamente resbaladizo hablar de la afición. Más bien lo es hablar mal, sobre todo después de tantos y tantos años hablando maravillas, diciendo que era la mejor de España y tal, la "Salónica" de la ACB y todas esas zarandajas que nos inventamos en la prensa y que seguramente respondían a una poderosa realidad. Ahora ya no. Si hay algo en lo que ya estamos todos de acuerdo es que ya no somos (sois) la mejor afición de España.


Pero lo peligroso, ahora que me doy cuenta, no es hablar mal, sino más bien generalizar. Porque más que tener una afición, hemos pasado a tener aficionados, cada uno de su padre y de su madre, con sus opiniones, sus actitudes, sus filias y (oh) sus fobias. Así es que cualquier cosa que se diga en general de la afición a mí ya no me vale demasiado. Simplemente hay espectadores que acuden a presenciar partidos y cada uno lleva en su mochilita una vida y una forma de ver las cosas. La foto del gran Rufino en el periódico de hoy lo ilustra: unos agitan el "A pie de pista", otros siguen sentados.


Así es que sería injusto meter en el mismo saco al que anima todo el partido y al final aplaude, sea cual sea el desenlace; al que está callado y observa, comenta con naturalidad lo bueno y lo malo de las jugadas con el compañero de asiento aunque no le conozca de nada; al que cree que podría hacerlo mejor que los tipos de la cancha y el tipo del banquillo; al que está callado y tranquilo siempre y cuando se va sigue con su vida normal y al que, finalmente, está deseando que las cosas se salgan de madre para poder expresar su furia, ya sea contra los árbitros, los rivales o, como últimamente, el propio equipo de casa.


Es lo que hay. Antes se podía teorizar en general sobre lo que me dio un día por llamar "los fieles a la religión verdinegra" (las primeras cosas que escribí en serio eran las crónicas de ambiente de los partidos de la temporada del ascenso) y ahora ya no, ya no. No hay nada que caracterice globalmente a los que pagan su entrada o su abono y se sientan en esas butacas verdes: tan injusto es decir que es animosa y va a muerte con el equipo como que es desagradecida y feroz. Se ha dejado de ser una masa para afrontar una profunda atomización en la que, en la apoteosis del liberalismo, cada uno tiene que tener su pequeña actitud propia, su pequeña filosofía de cómo ve al Cáceres 2016, cada uno forma una mini-peña de un componente.


Es, lamentablemente, el problema: no ir todos a una, permitir que la individualidad devore al colectivo, no sentir que el Multiusos sea un templo al que se acude cada dos semanas en la búsqueda de un valor profundo. Justo lo que muchas veces le reprochamos al equipo nos pasa a los que deberíamos ser más Cáceres 2016 que ellos.


Estoy en contra del pensamiento único, de intentar imponer que todos tengamos que percibir las cosas de la misma manera. ¡Qué aburrido sería todo! Además, en cierto modo en 1992 también había partidarios o bien de De Pablos o bien de Romero; gente que pensaba que Okac era un torpón y que Fariñas nada más que vendía humo dentro de ese particular paroxismo en la banda. Pero había una sensación de unidad, de que las canastas del rival nos las metían a todos y que eran culpa de todos, no sólo de los que estaban en el parquet.


Eso se prolongó durante mucho tiempo, pero hubo un momento en que nos despistamos y todo cambió, se produjo un cansancio en los últimos años en ACB --en los que el ambiente era prácticamente igual que el de ahora-- del que pensamos que nos habíamos curado, repuesto, escarmentado. Y no es así. La autodestrucción es a veces tan tentadora... sobre todo cuando algo que debería ser colectivo, se articula individuo a individuo.