
Hace unas semanas, uno de los más ilustres comentaristas de este blog ponía a Javier Aguirre como ejemplo de cómo saber tratar a los medios y comparaba ese aspecto del entrenador del Atlético de Madrid con Piti Hurtado, el técnico del Cáceres 2016. A la vista de lo que les ha ocurrido últimamente, ambos personajes tienen para mí más cosas en común. Me explico. Y así de paso doy una visión de cómo veo el patio del baloncesto cacereño.
Aguirre y Hurtado andan discutidos por la afición (o por una parte de la afición, siempre hay que matizarlo) por las últimas derrotas. A los dos no parece haberles lucido sus difícilmente contestables logros en el banquillo de los respectivos equipos. El Atlético era un club que, tras salir de Segunda milagrosamente, difícilmente se había acercado a las posiciones altas de Primera. Llega el mexicano y lo mete en la Champions. Salvando las distancias, Piti logró el año pasado darle la vuelta totalmente a una mala situación y su equipo --vale, mejor que el que tenía su antecesor-- hizo disfrutar a todos con el baloncesto durante la segunda vuelta y se quedó a 80 minutos del ascenso.
Hablemos del presente, olvidémonos por un momento de lo que ha sido y pensemos en lo que es. Aguirre tiene al Atleti quinto, a cuatro puntos, que no es un mundo, de la Liga de Campeones. Y antes de estas tres últimas derrotas, venía de una racha de 15 partidos sin perder. Además, y aunque esté medio eliminado en la Copa (¿no quedábamos en que esto no importaba?), se mantiene con tantas opciones como el que más de pasar a cuartos de la Champions, que el rival no es gran cosa (¿Oporto o Panathinaikos? No me acuerdo, pero da igual). Piti puede sentirse prácticamente igual cuando es abucheado por la masa (o por parte de la masa, otra vez lo digo). El Cáceres 2016 es duodécimo, pero a sólo una victoria del noveno clasificado, que es, lo he escrito antes y lo sigo escribiendo ahora, el objetivo realista de la temporada. 7 victorias y 9 derrotas es un balance quizás un poquito por debajo de lo esperado, pero es que hace nada el equipo estaba 7-6.
Vale, vale. La imagen ha sido mala en los últimos tres partidos tanto para el Atlético como para el Cáceres 2016. Especialmente dura para nosotros la de los jugadores bajando los brazos en los minutos finales ante el León, como si llevar esa camiseta no importase. Eso no debería consentirse y estoy seguro de que todos ahí dentro están buscando motivos (y soluciones) para que esto no se repita más. El entrenador tiene su parte de culpa, proporcional a la de jugadores que demasiadas veces esta temporada han tirado solos y no han metido, pero ¿es suficiente como para pedir su cabeza? Lo mismo puede aplicarse con Aguirre. ¿Tiene la culpa este hombre de que Ujfalasi se ponga a regatear siendo el último hombre?
Cada uno tiene derecho a tener su propia opinión. Y a expresarla, sobre todo cuando ha pagado su entrada. Los dos entrenadores protagonistas de esta entrada han tenido cintura reconociéndolo, sabiendo que sería estúpido revolverse contra el que no está de acuerdo con ellos. Pero... ¿de verdad que lo están haciendo tan mal ambos como para pedir que se les eche a la calle? ¿tan desesperada es la situación de ambos? ¿está el Atlético en mitad de tabla, o el Cáceres bordeando el descenso?
Hay que currar más, sí, y ser autocríticos. Y ponerle las pilas a los protagonistas de esto, los que meten los goles y las canastas, que son los jugadores, y exigirles que tengan un respeto por la gente que les paga, que se puede perder pero siempre dejándose lo que tengan dentro sin temor a que les caiga una pitada. Y a los entrenadores hay que largarlos cuando se les ha ido sin remisión la cosa de las manos, pero yo no veo que esto sea así en equipos que aún están cerca de cumplir sus metas, que no se han metido en dinámicas irreversibles de 6-7-8 partidos perdidos, incluyendo alguna contra equipos inferiores a ellos.
Entonces, os preguntaréis, ¿por qué pasa esto, tratándose además con dos aficiones con fama de buenas y entendidas? Sólo he pisado una vez en mi vida el Calderón, así es que hablaré del Multiusos: creo que la exigencia es demasiado alta, que no hay demasiada paciencia para ver las cosas con perspectiva (esto no es de ahora, pasaba también en la ACB) y que, en el plano personal, a Piti le perjudica una perversa mezcla: ser de casa y ese punto de soberbia que transmite. Pero no estoy diciendo que por esto la afición sea mala: simplemente demuestra con la intensidad con la que vive las cosas de su equipo, lo mucho que se implica y cuánto le duelen las derrotas y que se dé imagen de pasotismo.
¿Qué va a pasar? Creo que mucho peor tienen que ir las cosas para que haya cambios en el banquillo, al menos aquí.











